La “Ley Lafkenche” y el racismo

El jueves 16 de agosto, en su sección Economía y Negocios, el diario
El Mercurio publicó una nota periodística titulada "Ley Lafkenche
mantiene paralizados 475 proyectos de inversión", la cual también se
incluyó como titular de portada del mismo cuerpo. La nota presenta y
refuerza la imagen de que la citada ley y las comunidades Mapuche
Lafkenche, que través de ella intentan ejercer sus derechos
ancestrales, no sólo entorpecen proyectos de inversión y "desarrollo"
sino el de otras comunidades del borde costero como son los pescadores
artesanales.

Cuando se habla de "desarrollo", lo que en verdad se está implicando y
a la vez justificando es el sistema de descarga de desechos tóxicos al
mar que proyecta construir Celulosa Arauco en la Bahía de Mehuín,
Región de los Ríos. Una vez más así, se reafirma, con respecto a esta
problemática, la línea de publicaciones previas en el mismo medio y en
sus sucursales regionales, en otros medios de control e influencia
empresarial, así como en declaraciones que autoridades de Gobierno han
realizado sobre la materia, como Juan Andrés Varas, actual Intendente
de la Región de Los Ríos.

En la nota de El Mercurio, no se hace ninguna mención a que la citada
Ley Lafkenche (20.249), en vigencia desde febrero de 2008, fue creada
"desde abajo" y, posteriormente, concebida de manera co-participativa
entre comunidades y profesionales, en diálogo con autoridades
políticas de los bloques de la Concertación y la Alianza, quienes
formalmente respaldaron la iniciativa. En este escrito, no hay ninguna
palabra al hecho de que entre quienes votaron a favor la citada ley se
encuentren autoridades del actual Gobierno, como Pablo Longueira,
actual Ministro de Economía. Tampoco, en esta nota, se da cuenta del
hecho de que las demoras en las tramitaciones establecidas para que
las Asociaciones de Comunidades opten a regularizar sus derechos al
espacio marino, obedecen a la lentitud burocrática con que han operado
organismos como SUBPESCA, o que la creación de Espacios Costeros
Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO), puede permitir marcar un
precedente en la administración sustentable del borde costero, y para
nada excluye a otros actores como los pescadores artesanales sino que
más bien los integra.

Este artículo, no dice ninguna palabra sobre las trabas burocráticas
que se han generado en todo el proceso de tramitación de solicitudes
de ECMPO, a los "recortes" que Subsecretaría de Pesca ha realizado a
los espacios solicitados por Asociaciones de Comunidades Indígenas,
pasando así por alto el "espíritu de la ley", como lo es el
reconocimiento del uso consuetudinario, problema que los dirigentes
Lafkenche han expuesto reiteradas veces. Ninguna palabra encontramos
en esta nota sobre las solicitudes que hace más de tres años vienen
haciendo las comunidades para dialogar con las autoridades de turno,
las cartas sin respuesta –al parecer la ley de transparencia no aplica
para los mapuche- para agilizar la tramitación de solicitudes, menos
aún de los compromisos no cumplidos por parte del gobierno anterior y
actual en cuanto a concretar una reunión conjunta entre organismos de
Estado competentes en la aplicación de la ley, y las comunidades
mapuche lafkenche, para evitar así cualquier conflicto vinculado al
borde costero.

El mensaje de esta nota periodística a fin de cuentas es uno solo, un
mensaje por lo demás compartido por la prensa tradicional,
empresarios, políticos de gobierno y por aquellos sectores serviles al
gran capital hoy en día: los mapuche y todo cuerpo legal que reconozca
sus derechos, por más básico y retórico que sea el reconocimiento, son
un problema. Se insiste en esta idea, a pesar de la diplomática
actitud de diálogo que representantes Mapuche Lafkenche han mantenido
a través del tiempo. Vale la pena destacar que esta es la única
normativa legal en Chile que surge, luego de un extenso proceso de
negociación, de un Proyecto de Ley redactado por las propias
organizaciones en conjunto con representantes del Estado.

No deja de llamar la atención el que este tipo de discursos, como el
aparecido el 16 de agosto reciente en el diario El Mercurio, reitera
la imagen de "enemigo interno" y "raza inferior" adjudicada al pueblo
Mapuche por su antecesor, El Mercurio de Valparaíso, hace más de un
siglo medio, en cuyas páginas se legitimaba la violencia y el despojo
que algunos historiadores chilenos han llamado "Pacificación de la
Araucanía". Tampoco deja de llamar la atención la forma en que detrás
de este tipo de discursos e imágenes que los poderes hegemónicos
intentan instalar en la opinión pública, se encuentran intereses
económicos de saqueo, pillaje y contaminación de nuestro territorio,
que no sólo afectan a los mapuche sino a la población en general. Todo
indica que los mapuche seguimos siendo vistos, cual imaginario
decimonónico de civilización versus barbarie, como "raza inferior",
"rémora del progreso y del desarrollo" y, más aún, que ciertos usos
que agentes estatales y empresariales hacen de "la interculturalidad",
mientras endosan visiones económicas y políticas como las expuestas
por El Mercurio, no es otra cosa que maquillaje y otra cara del
racismo en tiempos del neoliberalismo criollo.

La idea de lo mapuche como obstáculo, como algo que constantemente
acecha, ha constituido y constituye un componente estructural del
racismo. A la vez, funciona como contraste necesario para establecer
jerarquías en cuya cúspide se ubican quienes precisamente se
representan a sí mismos como "portadores" del progreso, el desarrollo
y como defensores del Estado de derecho. De esta forma, el racismo, se
anuda con el poder económico y el nacionalismo chileno, reproduciendo
una relación colonial que se refuerza en el contexto neoliberal.

Racismo a secas arraigado en el imaginario, en el discurso, pero, más
potente aún, en la forma y lógica en que se estructura y organiza la
economía, la política, la legalidad y lo social en Chile. Medios de
prensa, como El Mercurio, políticos de turno y sectores empresariales
arremeten con el objetivo de "demonizar" la llamada Ley Lafkenche y,
probablemente, para reducir su ámbito de aplicación. No es casual que
este tipo de notas periodísticas aparezcan en la actual coyuntura de
debate en torno a la ley de pesca y demandas Mapuche Lafkenche en
torno al desconocimiento de sus derechos en el proceso de tramitación.

Tampoco es casual que este tipo de discursos se reinstalen poco antes
del 31 de agosto, fecha en que un Consejo de Ministros debe reunirse
para tratar los recursos de reclamación que existen contra la Planta
Valdivia de Celulosa Arauco, y su plan de descargar desechos tóxicos
al mar en el borde costero de la provincia de Valdivia. Cabe mencionar
que luego del rechazo a la construcción del ducto de CELCO en Mehuin a
fines de los 90, éste inició sus descargas en el Río Cruces, generando
un daño irreparable en el Santuario del mismo nombre en Valdivia. Por
ello, para aumentar su producción, la empresa necesita realizar sus
descargas de desechos al mar lo cual tendría irreversibles impactos en
la biodiversidad, el medioambiente y la población. No obstante, a esto
último, El Mercurio y otros medios le llaman "desarrollo": el mundo al
revés.

Historiador, Doctor(c) en Antropología Social, CIESAS, México

Páginas vistas en total

Desde donde nos visitan...

Clima en Mehuín