DECLARACIÓN ANTE EL DIA INTERNACIONAL DEL AGUA 2011 - Comisión Justicia y Paz del Vicariato Apostólico de Aysén y la Comisión Agua-Vida

Ante la celebración del “Día Internacional del Agua”, este 22 de Marzo, la Comisión Justicia y Paz del Vicariato Apostólico de Aysén y la Comisión Agua-Vida, quieren proponer a la comunidad regional una invitación a la reflexión, a la conversión y a la acción.

    Cuando miramos la realidad actual del agua descubrimos que:

  • Casi el 98% del agua del Planeta Tierra es agua salada, por lo que no es apta para el consumo humano. Del 2% restante, que es agua potable, solo la mitad es útil para nuestro uso. Para decirlo de otra manera: de cada cien litros de agua, menos de la mitad de una taza es agua útil para el uso humano.
  • De acuerdo a los últimos Informes sobre el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, 2.000 millones de personas no tienen en la actualidad acceso al agua potable y a los servicios higiénicos.
  • La sequía producida por el cambio climático aumentará en las próximas décadas en un 20%.
  • Más de la mitad de los mayores ríos del mundo están seriamente dañados y contaminados por lo que millones de personas tienen que abandonar sus tierras a causa del deterioro de las cuencas de los ríos.
  • Tifus, malaria, dengue, cólera y otras enfermedades similares son causadas por el agua contaminada, llevando a la muerte a alrededor de 5 millones de personas cada año. Es decir; cada minuto del día, en alguna parte del mundo, al menos 10 personas, generalmente niños, mueren por enfermedades que se podría evitar.
  • En Chile aumenta año tras año el periodo y la extensión de la sequía en los campos de cultivo, una escasez que empieza a afectar también alarmantemente el consumo humano en amplias zonas del País.
  • En estos momentos sufrimos más de 25 conflictos relacionados con el uso y el mal uso del agua en Chile (Pascua Lama, Celco en Mehuin, Hidroaysén y Energia Austral en la Patagonia, etc…)

    Por todo esto podemos descubrir que el agua es esencial para la vida, para alimentar la tierra y a sus habitantes. El artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala que: “Todo individuo tiene derecho a la vida”, pero ¿cómo podemos respetar este derecho si no cuidamos el entorno que lo hace posible, si no buscamos, en concreto, soluciones a la crisis mundial del agua?


    Creemos que toda persona tiene un derecho natural al agua como también a la salud y a la educación. El acceso a estos bienes básicos no es cuestión de opción, sino de Derecho Humano. El derecho al agua tiene que ser reconocido formalmente, por cada País y por toda la comunidad internacional, como ya lo son la salud y la educación. Sin embargo nos preguntamos cuáles serán los intereses políticos y mercantiles que impiden dar pasos concretos para reconocer al agua como un derecho y encontrar soluciones eficaces a la actual crisis del agua.


    Para la ética social cristiana la provisión de este bien no puede dejarse en manos de las fuerzas del mercado. “El agua, por su misma naturaleza, no puede ser tratada como una pura comodidad entre otras comodidades. El pensamiento social católico ha sostenido que la defensa y la preservación de ciertos bienes comunes, tales como el medio ambiente natural y humano, no pueden ser salvaguardados sencillamente por fuerzas de mercado, puesto que tocan las necesidades humanas fundamentales a las cuales escapa la lógica del mercado”.

    (cf. Juan Pablo II en la encíclica Centesimus Annus, 40)


    Estamos, pues, convencidos de que podemos y debemos buscar soluciones en el ámbito político, en el económico y en el técnico. Estos aportes son validos, pero igualmente sostenemos que, si no vamos hasta las raíces del problema, no tendremos una solución verdaderamente profunda porque el fondo del problema es cultural. Por eso necesitamos crear una nueva cultura de amor y de comunión con la naturaleza, la tierra, el agua y todos los seres vivos.


    Esto es lo que se denomina “espiritualidad ecológica”. Muchas tradiciones religiosas nos enseñan a convivir con el agua como un don sagrado y un sacramento divino. Aprender y vivir desde esta mentalidad es fundamental para el presente y para que podamos tener un futuro en este planeta.


    Lo que proponemos es alentar a las personas, comunidades y a toda nuestra sociedad para que asumamos un estilo de vida sostenible, austero y solidario. Los signos de los tiempos nos exigen una conversión hacia el medio ambiente y una ética del cuidado respecto a todos los seres vivientes y sobre todo para la fuente de la vida que es el agua. Esperamos que este Día Internacional del Agua nos conmueva y nos impulse a caminar hacia la Tierra donde la Justicia y la Paz se besen, donde la Naturaleza y la Humanidad se encuentren.


    Coyhaique 22 de Marzo 2011

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