LEY LAFKENCHE, DEMONIZACION Y DISCRIMINACION

La creación, advenimiento y aplicación de la Ley Lafkenche, surge en el espíritu del legislador motivada por el reconocimiento moral y ético hacia el pueblo Mapuche, que se identifica con esa denominación y que ancestralmente vivió y vive de la extracción "racional y sustentable" de los recursos pelágicos existentes en el mar, ríos y lagos.


Hablamos de extracción y no de explotación, por una cuestión que es inherente a la cosmovisión indígena y que la mayoría de la sociedad civil no acepta, desconoce o simplemente atropella.

Lamentablemente el modelo económico imperante con algunos matices de aplicación, nos ha hecho querer creer que lo importante es el aquí y ahora, y que el mañana o generaciones futuras no interesan ni importan y la "explotación" es depredadora sobre todo los recursos naturales, los que son acotados y que en la mayoría de los casos se agotan, exterminan y extinguen.

Nuestros antepasados, sin ser egresados de Harward o de la Chile, a través de milenios de sabiduría traspasada de generación en generación, comprendieron que la naturaleza es fragil, que los ecosistemas son equilibrados y perfectos y que el hombre es parte de ella y es privilegiado por tener la capacidad de vivir de ella, mantenerla y conservarla; y que cualquier desiquilibrio en sus ciclos, terminará inexorablemente perjudicándolo y que en mayor o menor tiempo, provocará también su desaparición.

¿Podemos desarrollarnos con la explotación sustentable de los recursos naturales? La respuesta es si, podemos.

Otro tema son las rapiñas que no han trepidado en implementar un modelo de desarrollo de país, en base a permitir que se beneficien una minoría, para la cual se legisla y se coloca todo el aparataje estatal a su disposición, se crean instituciones y se subyuga a 16 millones 500 mil ciudadanos a su descriterio, poder y juego democrático.

De pronto, ante este dramático escenario, y cuando ya es insostenible la discriminación y racismo, surge en favor de un pueblo indígena, para cuya desaparición se han realizado los peores genocidios y etnocidios geográficos, una luz de esperanza denominada Ley Lafkenche, que estando destinada para paliar el desvergonzado despojo y transculturación, deja a criterio de los Intendentes de cada región, invitar a formar parte de las mesas o consejos, que determinarán la aplicación práctica de su letra o peticiones, a los actores de la sociedad civil con injerencia en el tema.

Como no hiba a ser distinto, la Ley adolece de algo que es esencial y un chiste cruel; para quienes esta dirijida y lleva su nombre, no estan considerados en las Comisiones Regionales o simplemente el racismo institucional de las adminsitraciones de los gobiernos regionales de la Concertación, hicieron oidos sordos cuando se les solicitó; es como si el colegio de profesores este dirigido por los panaderos y el colegio médico por el gremio de los payasos.

Por otra parte, como tampoco iba a ser distinto, han aparecido los agoreros, sacadores de suerte, dueños de bolas mágicas, chamanes y brujos de todas las organizaciones habidas y por haber, que temiendo la pérdida de sus parcelas de poder, han interpretado a su pinta la Ley Lafkenche y esgrimen que se ocuparán los mismos argumentos con el cual, muchos de ellos en épocas preteritas nos despojaron, argullendo patrañas, entuertos y otra cantidad de infundios; para decir que serán perjudicados con similares métodos. La demonización gratuita, al boleo, prejuiciosa y racista; pretende que se cree en el opinión pública un estigma gratuito y levantar una capcisosa reticencia hacia las peticiones y solicitudes de los espacios de bordes costeros se han solicitado y se solicitarán.

Creo neceario recordarles y decirles a aquellos que jamás se han preocupado de los mares, ríos ni lagos y que hoy aparecen con un dudoso interés por dichos bienes de uso público, que nuestros pueblos indígenas fundaron sus caseríos a orillas del mar, ríos y lagos, por lo tanto tienen derecho consuetudinario sobre ellos, que el espíritu de la Ley no es otro que entregar a quienes han cuidado los ecosistemas planetarios el resguardo de ellos y que todos serán bienvenidos, en tanto no pretendan cometer las barbaridades que nos tienen con la soga al cuello y con la cuenta regresiva.

No pretendan algunos aparecer como víctimas hoy, por cuanto, cuando tuvieron la oportunidad de hacer sustentable y economicamente viable la explotación de los recursos fluviales, los hipotecaron por unas cuantas monedas y se ganaron una denominación que los dibuja de cuerpo y alma; "vendidos" o bandidos.

Esperamos que nuestras nuevas autoridades subsanen y remedien la discriminación de la CRUBC y que el "cuco" Ley Lafkenche, en su aplicación demuestre que la ignorancia de la que hacen gala algunos, es parte de nuestra idiosincracia, tan proclive a prejuiciar sin antecedentes y únicamente porque esta ves se beneficia, de lo poco y nada que queda; porque sobre lo establecido no se interfiere, a los indios.



Iván Millapán Sáez
Werken Asociación Mahuenco
Presidente Asoc. Pescadores Artesanales Indígenas Waywen de Valdivia


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