“Me dijo indio culiao… y me lanzó un hachazo al cuerpo”

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"Me dijo indio culiao… y me lanzó un hachazo al cuerpo": El testimonio de Victor Gonzalo Llanquiman Quilapan el hombre que se salvó por centímetros del racismo y la violencia de CELCO

 

13 de julio de 2009

 

Con la voz entrecortatada, el mapuche-lafkenche Víctor Gonzalo Llanquiman Quilapan salió de las aguas del río Lingue la mañana del domingo 12 de julio de 2009. Había esquivado por centímetros el hachazo que le quiso propinar Emardo Pino, sujeto que recibe un sueldo de Celulosa Arauco para apoyar la construcción de un ducto de desechos al mar.

En la orilla, su hijo de seis años y su esposa Angélica Hualme, presenciaban la escena e intentaban grabar para que quedara constancia de lo ocurrido.

Llanquiman junto a Estaniz Paillan, pescadores artesanales que se han opuesto a la contaminación, habían esquivado un arponazo y un hachazo de chilenos que se juzgan civilizados, de chilenos que no se consideran "indios" (como si eso los convirtiera en sub-humanos).

El video que se presenta a continuación muestra cómo un grupo de individuos roban con violencia un bote, tras haber cortado con largos cuchillos el cordel de la embarcación "Haylin Añuzka", perteneciente a una agrupación de esforzados pescadores artesanales lafkenches de Chan-Chan.

Embarcación que ha servido a la defensa del mar para vigilar los movimientos de Celco, en tiempos en que la empresa saboteaba los intentos de los pescadores artesanales para tener una embarcación propia, pagando a los dueños de otras para que no facilitaran las suyas al Comité de Defensa del Mar y que fue varada en las calles de Mehuin y abandonada a su suerte por los ladrones.

Esta geografía de nombres desconocidos: Mehuin, Mississippi, Maiquillahue, Chan-Chan está sólo a unos pocos kilómetros al norte de Valdivia y a unos cuantos más al sur de Temuco.

Ya no son cisnes y el santuario-humedal del río Cruces los que están en juego; es la vida de personas que llevan junto a sus antepasados más de 2000 años de vida costera. Los arqueólogos han publicado del "hombre de Chan-Chan".

En palabras del propio atacado: 

Emardo Pino saltó desde su bote con un hacha larga y me dice a vos también te vamos a matar concha de tu madre, pero saltó mal y cayó dentro de su propio bote con el hacha. Yo agarré un palo para defenderme y Cristian Muñoz que venía con Pino agarró un arpón y me colocó en el estómago

¿Pero quiénes son los agresores? Emardo Pino, ex pescador que recibe sueldo de Celulosa Arauco, Joaquín Vargas, principal negociador del "Convenio de colaboración y asistencia recíproca" de Celulosa Arauco.

CONVENIO DE MATONAJE, en palabras simples. Estos empleados advenedizos, llegados hace menos de 50 años a la zona; sin raíces, sin amor por el territorio. Se pasean a sus anchas armados y amparados por las autoridades de la región de los Ríos.

Su impericia de supuestos "pescadores", queda de manifiesto desde el momento en que ellos mismos, hicieron cabecear su motor con el fondo del río Lingue y lo perdieron.

¿Y qué es Celulosa Arauco? La empresa de un inmigrante italiano llegado en la primera mitad del siglo XX a Chile: Anacleto Angelini. Empresa que llenó de pinos los campos y que mandó a reemplazar los árboles nativos por pinos que sumen en la sequía al sur (mientras su dueño vivía apaciblemente en Santiago, manejando un Mercedes Benz). Empresa que contrató los servicios de otro descendiente de inmigrantes italianos: Eugenio Tironi, columnista de El Mercurio y asesor de imagen y contenidos de Eduardo Frei, ex presidente y candidato presidencial descendiente de suizos también llegados en la última centuria. Presidente supuestamente "demócrata" y supuestamente "cristiano" que puso la primera piedra de la Planta Valdivia emplazada en San José de la Mariquina.

Si eso no es cuoteo y colusión entre el gobierno y los empresarios, es simplemente MAFIA.

Este es un episodio digno del Far West, una "vendetta". Al mejor estilo de las cacerías de hombres del siglo XIX en la Patagonia, cuando se pagaba por oreja cortada.

Estamos en el siglo XXI, aunque no lo parezca.

Y ahora que las pruebas favorecen a los mapuche, la prensa oficial -esa misma que pedía ocupar la Araucanía a sangre y fuego- calla.

Cornelio Saavedra, el general que decía que eran necesarios solamente: "poca pólvora, mucho vino y mucha música" para despojar a los mapuches y principal socio de la construcción del ferrocarril al sur, una vez que abandonó el uniforme militar. Residió un tiempo en Toltén y exploró los ríos de la zona, pretendía "avanzar la frontera" desde el sur.

Curiosamente, el propio Saavedra y los viajeros como Paul Treutler, jamás hablaron de "la tribu de los indios culiaos" o no la consignaron al menos por escrito (y tampoco aparecen en los censos). Por lo que esto podría ser una invención del propio Emardo Pino, que convendría clarificar.

Este racismo no es algo del último tiempo, aunque el recrudecimiento de la violencia en contra del mapuche en la zona de Mehuín (también llamados "indios bajados del monte") ha sido claro a partir de 1996, cuando se construyó la industria.

El despojo territorial data de mucho tiempo antes, cuando mucha de la gente del Lafkenmapu, los costinos o lafkenches fueron declarados "inquilinos" en sus propias tierras. "Reducidos" y "radicados" por una comisión estatal, que sacó a remate tierras declaradas recién entre 1866 y 1930 "estatales" y por tanto "rematables". Han sido tratados como extranjeros en sus propias tierras.

Las familias Hualme, Llanquiman, Paillan, Quilapan, Martin, Matías, Nahuelpan, Lienlaf e Imiguala, entre otras llevan allí siglos sin ductos.

De esto, la prensa, que el 7 de julio recibió una amonestación de parte del Consejo de ética de la Región Metropolitana, justamente por su tratamiento de los asuntos mapuche, poco o nada dice.

Ese silencio cómplice de quienes dirigen desde Santiago las operaciones de despojo, no es casual.

Las iglesias católicas y evangélicas de la zona, han hecho la vista gorda y también han recibido "aportes"; así como las escuelas "mejoramientos-silenciamientos". Si antes fueron los misioneros los que desterraron las costumbres mapuche y condenaron los ritos; hoy la fe, ha perdido relevancia.

Los bomberos que antes, en caso de emergencias de este tipo, siquiera tocaban la sirena, han prestado su cuartel para las reuniones de los partidarios de Celulosa Arauco.

¿Se puede confiar en alguien?

"Me dijo indio culiao… y me lanzó un hachazo al cuerpo" es la frase que resume la actitud general del Estado chileno al sur del Biobío.

Los chilenos callan -por ignorancia, racismo, desconocimiento o desprecio- y eso lamentablemente, los ha convertido en cómplices.

El: "A vos también te vamos a matar concha de tu madre" proferido por Emardo Pino, trabajador-matón de Celulosa Arauco, parece haber atemorizado a todos.

¿Es ése el "Nuevo Trato" que promueve la Concertación?

 

VER VIDEO:

 

http://www.youtube.com/watch?v=z0IAj6-sqlg

 

Movimiento Por La Defensa del Mar.

 

¡No al ducto!

 

Adjuntamos las declaraciones de los afectados:

Víctor Gonzalo Llanquiman Quilapan, pescador artesanal. C.I.15.262.416-6, domiciliado en Caleta Mississippi:

Cerca de las 11 de la mañana estaba amarrando un bote cuando vieron que se acercaban tres embarcaciones que venían desde la caleta de Mehuín. Nosotros pensábamos que venían para la mar, pero los 3 botes donde venían unas 20 personas se nos fueron encima y escuchamos gritos que decían que "había que agarrar al chino" y "matarlo", ahí me di cuenta que era la voz de Emardo Pino.
Se acercaron como 6 o 7 personas en un bote a tomar la embarcación donde estábamos en la orilla. Esta era la "abuela chela", que pertenece a Estanis Paillán. Yo intenté conversar con el grupo y les dije que corten lo que estaban haciendo que si mataban iban a salir perjudicados.
Yo vi que a dos o tres de ellos les dió vergüenza en lo que andaban. Pero Emardo Pino saltó desde su bote con un hacha larga y me dice "a vos también te vamos a matar concha de tu madre", pero salto mal y cayó dentro de su propio bote con el hacha. Yo agarré un palo para defenderme y Cristian Muñoz que venía con Pino agarró un arpón y me colocó en el estómago.
Me dijo "indio culiao". Me tenía apuntado y no me dejaba moverse. Yo vi que Pino se volvió a parar con su hacha y saltó a la embarcación de Estanis y me lanzó un hachazo al cuerpo. Yo lo esquivé lanzándome al agua. De ahí me paré, tenía el agua en la cintura y salí para la orilla. Sentí un piedrazo que lanzó Cristian Muñoz pero con el tropiezo de mi huida la piedra pasó por el lado de mi cabeza.
Ellos traían piedras, arpones, palos y cascos, por lo que era evidente que venían a atacarnos.
Alguna gente que estaba mirando salió a ayudarnos, la mayoría niños y mujeres y se pusieron a tirar piedras al grupo que quería desembarcar. Todo esto ocurrió arriba de los botes y ellos no pudieron bajarse porque la gente los comenzó a apedrear y ellos también comenzaron a tirar piedra que traían en el bote.
De ahí se fueron las tres embarcaciones hacia adentro y pasaron a agarrar la embarcación Haylin Añuzka de la Asociación de Pescadores de Chan Chan, que estaba a cargo del Estanis. Cortaron los cordeles y se la llevaron arrastrando en la embarcación del Tito Ortiz.
Llegó una persona con una cámara de video y se la pedí para grabar, que es lo que está registrado en el video que adjunto (al final de la nota). Pero el estado de nervios en que me dejó la situación no me dejaba sostener bien la cámara y se la pase a una vecina que siguió registrando lo que se ve en el video.
Mi hijo Hugo Llanquimán Hualme, de 6 años vio toda esta situación. El ya tenía medidas de protección del Tribunal de Familia por el anterior ataque a la sede. El estuvo con tratamiento sicológico por lo que pasamos aquella vez, y volvió a vivir todo de nuevo".
Víctor Jovino Lienlaf Antilaf. C.I. 7.793.382-4, Presidente de de la Asociación de Pescadores de Chan Chan, domiciliado en Chan Chan:
"Yo me enteré cerca de las12:30 hrs que se habían robado la chata de la organización. Junto a otros dirigentes nos fuimos primero a la Alcaldía de Mar para hacer la denuncia, y vimos el bote que estaba varado en la calle de la caleta de Mehuín. Los marinos nos dijeron que hiciéramos una constancia y no una denuncia, ya que esto último significaba un robo. Yo les dije que era un robo y nos fuimos al Retén de Mehuín para hacer la denuncia. Luego volvimos donde los marinos quienes nos exigieron hacer una denuncia por escrito. Según ellos se comunicaron con el Fiscal en San José y este habría dado la orden de llevarnos el bote.
Nosotros pedimos se hiciera un peritaje y fuimos con un grupo de funcionarios quienes anotaron todo lo que les dije sobre el bote y las condiciones en que estaba. De ahí nos trajimos el bote, que según ellos teníamos la orden para hacerlo".

 



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