LA ESTRATEGIA DE CELCO PARA CERRAR SUS CONFLICTOS

El 10 de octubre la compañía convino con un grupo de pescadores de Mehuín una fórmula para evaluar la salida al mar de los desechos de su planta de celulosa Valdivia. En este acuerdo un empresario externo jugó un rol clave.


De una firma cerrada y centralizada a una organización donde por primera vez hay gerentes regionales autorizados a tomar decisiones; del bajo perfil público, a la participación activa en entidades gremiales; de la vía judicial a los acuerdos, de una firma ajena a las comunidades donde está inserta a otra que organiza visitas a sus plantas y habilita una línea 800 para conocer los reclamos de sus vecinos. En Celulosa Arauco y Constitución el tiempo se divide en antes y después de Valdivia. La crisis ambiental desatada en 2005 por la planta de celulosa cambió el estilo de trabajo del imperio forestal del grupo Angelini.

Es que dentro de la firma, que posee activos por US$ 7.814 millones, ventas por US$ 2.850 millones y se ubica entre las primeras productoras mundiales de celulosa, consideran que fueron tantos los errores que se cometieron en la puesta en marcha de esa unidad que desde entonces la organización busca evitar que se repitan. Acostumbrada a que sean los resultados financieros los que hablen por sí solos, la compañía inició en mayo de 2005 su "apertura". Creó una gerencia de comunicaciones y se acercó a los gremios industriales, buscando generar redes. Por primera vez, Celco se vinculó más a la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), asumió un rol más activo en la Corporación de la Madera (Corma) y ha participado en organizaciones comunales, como las cámaras de comercio o industrias de las zonas donde opera.

Fue en esas instancias donde surgieron nuevas ideas -y aliados- para ir superando conflictos. La desaparición de los cisnes de cuello negro en Valdivia en 2005; la muerte de peces en la desembocadura del río Mataquito este año, la persistente negativa (por 11 años) de los habitantes de Mehuín (80 km al norte de Valdivia) para que la empresa realice los estudios del ducto que elimine sus desechos, ya eran demasiados flancos abiertos. Pescadores, agricultores, empresarios turísticos y la gente misma de las zonas donde opera no miraban con buenos ojos a la firma.

NUEVA ESTRUCTURA

A cargo del gerente comercial corporativo, Charles Kimber, la debutante gerencia corporativa de comunicaciones -que reporta directamente al gerente general, Matías Domeyko- creó una gerencia de Asuntos Públicos en Valdivia y otra en Nueva Aldea, en Chillán. Este año se sumó la de Licancel, en Maule. El objetivo: insertar la firma en la comunidad.

En la primera gerencia quedó Angelo Romano. De profesión auditor y ex subgerente de administración de la planta Valdivia comanda un grupo de 8 personas que desde un céntrico edificio gestiona y lanza proyectos de apoyo comunal en diversas áreas. Desde bibliotecas hasta gallineros y el auspicio a Deportes Valdivia.

El grupo es el encargado también de "sociabilizar", desde ya, la futura planta de paneles de Paillaco. Ubicada 46 kilómetros al este de Valdivia, la fábrica estaría en funcionamiento en 2010. La idea de la firma es que los vecinos del sector sepan con antelación de qué se tratará esta inversión de US$ 180 millones. No como en el caso de la planta Valdivia. En 1995 el grupo comunicó su idea de construirla y presentó el proyecto a la Comisión Regional del Medio Ambiente de la X Región. Una serie de exigencias posteriores, la oposición ecologista y de los pescadores de Mehuín, llevaron a que recién a fines de 1998 la iniciativa fuera aprobada. Fue inaugurada seis años más tarde y en apenas seis meses de operación ya acumulaba sanciones y quejas de la municipalidad, los servicios de salud, la Corema y los juzgados de Policía Local. Posteriormente fue clausurada, generando la peor crisis del grupo en su historia. Fue también el momento en que se decidió cambiar de estilo: buscar acuerdos se convirtió en una orden.

La gerencia de Asuntos Públicos del Complejo Forestal Industrial Nueva Aldea, en la VIII Región quedó en manos del ingeniero civil industrial de la UC Iván Chamorro y, en Licancel, en la VII Región, el recientemente incorporado periodista Andrés Morán. En el primer caso, por ejemplo, la firma admitió -al contrario que en Valdivia- la probabilidad de que durante su funcionamiento la planta emitiera malos olores característicos de los derivados de la madera. Para conocer los reclamos de los vecinos la firma habilitó una línea de teléfonos gratuita (800), que finalmente se hizo extensiva a todas las operaciones forestales del grupo. Según revelan dentro de la compañía, los llamados que se reciben buscan principalmente conocer dónde enviar un currículum vitae o agendar una visita a la planta.

Y es que con la nueva política de puertas abiertas, Celco tiene incluso en sus plantas un pequeño departamento destinado a la recepción de visitas. En total las plantas Valdivia y Nueva Aldea ya han sido conocidas por 60 mil personas.

Nueva Aldea es el mayor complejo forestal del país y su primera fase (aserradero y generadora de electricidad) comenzó a operar a fines de 2004, mientras que la de producción de celulosa partió en septiembre del año pasado. La industria descarga sus desechos al Itata, pero a contar de 2008 comenzará a hacerlo en las caletas ubicadas al norte de la desembocadura de ese río, tras un acuerdo con la Federación de Pescadores Artesanales (Ferepa) del Bío Bío. El convenio es parte de las llamadas "mesas de trabajo" que la firma puso en marcha para conseguir el apoyo de las localidades donde opera.


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Publicada el lunes, 29 de octubre de 2007

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